Raquel+ Ese bicho llamado ansiedad= Cositasdemamis

Me llamo Raquel y desde pequeña siempre me preocupaba por todo lo que me rodeaba, sentía miedo por todo, pánico al fin del mundo, a la muerte, a lo qué podía pasar…

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Rara era la vez que no estuviera llorando y teniendo miedo. Aún así fui feliz…

Cuando llegamos a Menorca (yo soy de Mallorca) la cosa fue a más e incluso en el colegio e instituto me hicieron lo que hoy en día se conoce como bulling.

Se reían de mí, me insultaba, hasta alguna torta llegué a recibir…

Pero yo seguía pensando que todo esto se acabaría “cuando fuera mayor”.

Llegó el día en que conocí al que hoy es el padre de mi hija. Y pasé por esa época de felicidad casi absoluta. Digo casi porque ahí estaba ella… La ansiedad… Las grandes crisis de ansiedad que me hacían sentir bien chiquita…

Yo no le contaba por nada… Pero claro, él no es tonto y veía que algo sucedía en mí… Él pensaba que tenía un carácter que tenía que cambiar, y que todo era culpa de ese carácter que yo tenía.

Un día fui al médico para unos resultados… La noticia me trastornó e hizo que perdiera los papeles… Me dijeron que no podíamos ser padres de forma natural… Que tendríamos que necesitar la ayuda de la reproducción asistida. En nuestro caso mas concretamente de la Fecundación In Vitro.

Lloramos mucho, muchísimo, pero luchamos hasta conseguir nuestro sueño… Fueron en total 6 años de búsqueda. 6 años en los que cada día lloraba por algo, cada día me pasaba algo… Siempre que me pasaba algo, para mí, lo negativo tenía mas relevancia que lo positivo…

Recuerdo que mientras me hacían los tratamientos, cuando llegaba a la clínica me decían que siempre me pasaba algo. Siempre tenía algo, siempre sufría por algo. Cuando no era una preocupación por una inyección era preocupación por si perdería el avión, cuando no era si perdería el avión era si me pasaría algo por el camino… La recepcionista de allí siempre me decía: Pero Raquel… Siempre te pasa algo! Y ahora… Qué te pasa? Nadie entendía que los días me los pasara llorando, que para entrar a quirófano entrara llorando… Nadie de mi alrededor me entendía… Menos mi marido… Que él siempre me entendía, o por lo menos, me hacía ver que lo entendía…

Cuando al fin conseguí el tan deseado embarazo fueron otros miedos. En mi cabeza no estaba la posibilidad de que todo fuera a salir bien… La perderé? Cada dos por tres estaba en urgencias con dolores, moriré a la hora de parir? Si… Llegué a pensar que moriría en el parto.

Al fin llegó el momento que tanto deseábamos… Aina tenía que salir.

Rompí aguas y me fui a dormir… Al final la coherencia de mi madre hizo que fuera al hospital para ver qué pasaba. Por una vez que realmente tenía que correr, yo decidí dormir… jajaja Bueno al menos ese día estuve tranquila.

Me ingresaron y Raquel estaba perfecta… Pero de repente todo cambió…

Llegaron los temidos dolores. Yo empecé a pensar que algo andaba mal, que me iba a morir (ojo, que estaba de parto pero Raquel se iba a morir!) Las enfermeras me explicaban una y otra vez que los dolores eran normales y que el malestar que tenía también. Que intentara relajarme y que todo saldría bien.

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Cuando al fin me dejaron en paritorio estaba atacada! Mis nervios me superaban. Tenía miedo, sentía angustia, ganas de llorar…

Dónde había algo de felicidad de que ya todo se acabaría, de que al fin habría conseguido aquello por lo que tanto habíamos luchado, había una gran sombra de tristeza… No sabía porqué, ni a qué temía, pero lo sentía, y eso, no me dejaba disfrutar del momento. De ése momento que todos dicen que fue el día mas feliz de su vida… Para mí, fue un día feliz empañado por algo que en ese momento no sabía qué era…

Cuando Aina nació me quedé bloqueada. Tan solo podía hablarle y acariciarle, pero me bloqueé, apenas podía hablar con los demás… No podía llorar… Sentía miedo y angustia. Y ahora qué pasara? Ahora cuál será mi sueño? Pensaba yo a la vez que la acariciaba.

Llegué a pensar que si había conseguido nuestro sueño, que me tenía que morir, porque no tenía mas sueños por los que luchar… Eso pensaba yo!

Al llegar la habitación, todo muy bien. Lo típico que si llora y no sabes porqué, tendrá dolor, le pasará algo, no sabré cuando le pasa algo… Vamos, lo típico de la gran mayoría de madres.

Yo no quería visitas en la clínica, pero me sentía muy sola. Tan solo 3 amigos vinieron a vernos. Yo me sentía mas sola que la una… Pero no lo estaba… Les tenía a ellos a Aina María, a Jordi, a mis padres, mi hermano, mi suegro…

El día que nos iban a dar el alta, la enfermera me dice que algo no anda bien. Le han hecho las pruebas a Aina y que le ha salido la bilirrubina alterada. Según los resultados de la noche nos iremos a casa… o no… Yo estaba acojonada, llorando a moco tendido. Pensaba que le iba a pasar algo…

Las enfermeras una y otra vez diciéndome que era muy común en los bebés y que no pasaba nada.

Al final nos envían para casa. La tiene justita, pero puede salir para casa. Recuerdo que antes de que nos dieran la noticia mirábamos la tele, y salió algo del espacio. Me acojoné. Y cuando digo me acojoné es porque me acojoné literalmente. Tenía pánico. El mundo se va a acabar pensaba yo! Tenía a mi hija en brazos y estaba acojonada viva, tenía pánico, me sudaba el cuerpo entero, me temblaba el cuerpo, la respiración agitada, sentía hormigueo por los brazos y las piernas, estaba mareada, me dolía todo y nada…

Yo pensaba que era normal, por el agotamiento del parto, de los días en la clínica…

Me pasé el camino de Mahón hasta Ciudadela pensando en aquella noticia… En vez de pensar que volvía a casa con el amor de mi vida y con su padre. Su padre, que por cierto no podía tener mas paciencia conmigo me decía que no pensara en esas cosas y que disfrutara del momento.

Al llegar a casa, lo pasamos bien. Vivíamos en casa de mis padres, y recuerdo que pidieron unas unas pizzas para cenar. Nosotros, llegamos a casa sobre las 23:15 y enseguida nos fuimos a dormir.

Pero al día siguiente, no quise quedarme en casa como harían otras madres. Ese día tuvimos que salir… Fuimos a hacer unas compras. Si, y nos llevamos a la pequeñaja con nosotros. Era domingo y fuimos al supermercado y a hacer unos recados.

Por la tarde tuvimos que ir a la farmacia. Yo tenía pánico a quedarme en casa. No quería! Tenía miedo. A todo y a nada… Sentía como si vivía la vida de otra persona, cómo si no viviera mi vida…

Mi marido cogió una semana de vacaciones, así que ahí estuvo él esa semana conmigo.

Pero llegó el momento en que él se tenía que ir a trabajar…

Sabía que no me iba a quedar sola. Que estarían mis padres conmigo…

Pero resultó que mi hermano enfermó y lo tuvieron que ingresar, y claro… Entonces si que quedé sola en casa.

No sabía cómo salir con Aina a la calle. No sabía cómo actuar. A veces me iba hasta la esquina de la calle dónde viven mis padres y enseguida volvía para atrás para quedarme en casa. Tenía miedo. Todo me daba vueltas… Creía que todo el mundo me miraba por dar el pecho a mi hija.

Un día, vino una amiga a pasar unos días a casa. Ella venía de Palma.

Me enseñó cómo darle el pecho en público, me enseñó a salir más. Pero aún así nunca salía sola… Tenía pánico a salir a sitios públicos yo sola, y si alguien no me acompañaba… Uuuuffff… Si me quedaba en casa porque me quedaba en casa y me enfadaba, y salíamos y había mucha gente porque había mucha gente…

El día que ella marchó, yo empecé a encontrarme mal, muy mal… Me dolía todo, empecé con fiebre, dolor corporal… Fui a urgencias y me dijeron que era un catarro… Pero yo no les creía. Pensaba y creía que iba a morir…

Empecé a leer por internet (gran error el que tenga algún síntoma y haga eso) y los síntomas eran claros… Tendría que estar muerta ya!

Pero algo vi que yo no sabía qué era… Mastitis. Llamé a la asesora de lactancia (abam) y me comentó que corriera al médico. Que era lo mejor para mí.

Recuerdo que no podía ni empujar el cochecito. No tenía fuerzas de nada…

Cuando llegué a la consulta del médico, enseguida que me vio me dijo lo que tenía. Mastitis.

Me mandó antibióticos y mejoré. Pero a los 3 días volvía a tener los mismos síntomas. Y otra vez mi cabeza con que me iba a morir…

Pasé así meses y meses (concretamente 7) Después desapareció… Gracias doy de que desapareciera! Durante esos meses no sé cuántas veces morí, cuántas veces reviví, cuántas veces tuve cáncer y otro tipo de enfermedades…

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Las pocas amistades que teníamos se iban alejando de nosotros. Casi todo el mundo me decía que no querían a alguien que estuviera triste a su lado, que siempre miraba lo negativo y eso era lo malo.

El día 23 de agosto bautizamos a Aina… Todo iba bien, pero los nervios se apoderan de mí. Aunque reconozco que todo salió bien; pero mis nervios hicieron que ese día fuera un día en el que quería controlar todo, pero ese todo se me escapaba…

El día 5 de septiembre de ese mismo año (2014) al despertar veo a mi madre llorar… Raquel, siéntate… No mamá…

Tu abuela… Se ha marchado… Mamá, quiero ir a Palma… Quiero ir a su entierro.

No es bueno para ti, no es bueno para la niña. Tú quédate aquí…

Recuerdo como con lejanía cuando se iban ellos y yo pataleaba en casa. Me sentía tan pero que tan débil, que no era capaz ni de tomar una decisión por mí misma… Entonces me quedé… Porque mis padres me lo pedían (entiendo que por un bien para mí)

El domingo por la noche, estaba en casa con mi marido y la peque. Pero de repente algo empezó a ir mal… Muy mal… Empecé a oír eco, todo me temblaba, tenía taquicardias, sudoración, miedo, angustia… Empecé a llorar desconsoladamente. Recuerdo incluso que me llegué a despedir de Jordi y mi hija. Me fui a la habitación nuestra y me acurruqué en un rincón. Me estaba muriendo! Mi marido hablaba con mi madre por teléfono, y ella enseguida supo que era ansiedad. Estaba en plena crisis… Hacía años que no me daba así. De hecho, yo en ese momento no recordaba una crisis tan, pero que tan tan grande…

La lengua la sentía como acartonada, todo me sabía mal. No tenía buen gusto…

Mi madre le dijo a Jordi que me metiera en la cama, que intentara dormir y vería como se me pasaría.

Pasé la misma crisis cuando me llamó mi madre para decirme que ya habían incinerado a mi abuela, y lo mismo cuando me dijo que ya habían hecho el funeral…

Fueron una crisis detrás de otra durante varios meses. Yo pensando que tenía algo, cuando no estaba en la clínica por un dolor en el pecho, era por un dolor de cabeza, cuando no, era por un dolor en un brazo, y cuando no en la tripa… Lo mismo me pasaba con Aina. Siempre estaba en el pediatra por algo. Siempre me parecía que le pasaba algo…

Siempre teníamos algo la peque, Jordi o yo (o eso creía yo)…

Pero volvió a pasar… Otra gran crisis de ansiedad… Otra muy fuerte. Entonces le supliqué a mi marido que me ayudara, que me sacara de mi vida. Que me quitara aquello que llevaba dentro y que me quería arrancar… Ya no podía más. Me ahogaba, me faltaba el aire, mi hija crecía y yo no disfrutaba… Yo no era feliz. Tan solo quería llorar…

Jordi, esa vez se asustó. Fue a los consultorios de la clínica Juaneda. Allí, una recepcionista, que me conocía, le dijo que probara un psicólogo que había. Que me entendería con él y seguro que me ayudaría el se llamaba, bueno y se llama Rafael Rodríguez Armero; le dijeron que era muy muy bueno.

Le dieron la hora para unos 15 días mas tarde si no mal recuerdo.

El día de la consulta estaba atacada. Recuerdo que mis padres estaban afuera por motivos personales. Y Jordi ese día lo pidió libre para venir conmigo al psicólogo.

Yo temblaba, estaba en la sala de espera y todo me sudaba… De repente escucho mi nombre. Ahí estaba él, un tipo alto, fuerte, pelo largo y canoso, bien recogido en un moño. De ropa iba con una camiseta negra, unos tejanos oscuros y unas bambas blancas (si, era así de meticulosa, tanto que me fijaba en todo lo que me rodeaba, en vez de fijarme más en mí)

Me dio miedo enseguida jajajaja

Pero cuando le expliqué todo ahí estaba él… Explicándome lo que me pasaba. Poniendo nombre a todo mi sufrimiento… ANSIEDAD

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Y yo preguntándome… Cómo se puede tener ansiedad en la maternidad, qué hago mal? Aún tengo depresión post parto?

No me decía él. Tú tienes ansiedad

Siempre ha estado poniendo comprensión, poniendo su apoyo…

Durante este año y medio que llevo yendo a él me he dado cuenta de que no soy la única, de que hay mas personas que pasan por esto. Me he dado cuenta de que no es malo pedir ayuda. Al contrario! Es bueno pedir ayuda y dejarse ayudar.

El camino aún no ha acabado. Está siendo duro, algún día mas duro que otro, algunas veces he necesitado ir mas, otras menos, algunas reconozco que lo habría enviado a freír espárragos. Pero siempre está ahí. Es de esos psicólogos que se entrega en cuerpo y alma a su trabajo y hace que te sientas valorad@ como paciente.

Aún sigo en proceso de curarme de la ansiedad. Ese bicho que te joroba la vida, que hace que lo que vives te parezca irreal, que sientas como que estás en otro mundo, como si vivieras la vida de otra persona y no la tuya. Los temblores en el cuerpo vienen algunas veces, el hormigueo también aparece.

Durante todo este tiempo Aina ha estado a mi lado. Su primera palabra a los 6 meses… Mamá. Su primer intento de gateo. Su primera papilla, su primera carcajada… Todas de ellas empañadas por un bicho llamado ansiedad. Ella, sin enterarse de nada porque su mamá no sabía ni llorar. Porque su mamá estaba bloqueada y no sabía como disfrutar de la vida.

El día del primer cumpleaños de Aina nos independizamos. Volvimos a nuestro piso. Eso fue un caos total. Pero seguía al pie del cañón.

A principios de marzo, nos fuimos a Mallorca de vacaciones. Unas vacaciones casi idílicas, en las que lo habíamos pasado genial, pero torcidas por la puñetera ansiedad… un día antes de la vuelta a casa ocurre algo… Íbamos por una carretera, cuando de repente el coche vuelca… estaba lloviendo y yo pude salir por mi propio pie del coche. Aina ni se enteró… A mí me dio un ataque de ansiedad bestial. Llovía y me puse a correr por la carretera llorando… Necesitaba ayuda. Aina estaba bien, pero necesitaba ayuda. Quería huir de allí.

Un familiar pasó a recogernos. El coche, por supuesto quedó en un almacén de por Muro…

A mí me llevaron a la clínica, tuve un latigazo cervical. Me dijeron que hiciera reposo… Y qué hacemos ahora sin coche? Qué hacemos aquí? Quiero irme a mi casa ya! Por suerte mañana nos vamos (creía yo)

Para rematar el asunto, unas 3 horas después del accidente, nos llaman de Balearia y nos dicen que el barco no sale hasta nuevo aviso… Que nos irán informando…

Casi me da algo!

Pero ahí estaban mis padres y mi hermano. A distancia, pero al pie del cañón para que no nos faltara de nada… Y cuando digo de nada, es absolutamente de nada, e incluso agilizando el proceso del traslado del coche

Todo pasaba muy deprisa, tenía que arreglar el papeleo, papeleo para poder irnos sin el coche y que la grúa nos lo pueda traer a Menorca, avisar al pediatra de Aina para que nada más llegar le echara un vistazo más a fondo, ya que en Mallorca, no vieron necesario revisarla, también a avisar a Rafa, necesitaba hablar con él. Necesitaba que me diera cuatro gritos y me dijera: PARA! RESPIRA!

Al irnos a la cama algo cambia en mí.

Pero qué cuernos!!! Estamos vivos! No vamos a dejar que un accidente nos trunque el viaje, pero menos la vida. Estamos sanos, estamos bien! Estamos juntos los 3 y eso es lo que importa. El coche se puede arreglar. Ya se arreglará. Nosotros estamos bien.

Al día siguiente del accidente, en vez de quedarnos en el piso dónde estábamos alojados, decidimos coger un bus, y después el tren. Queríamos salir y disfrutar del día. Y lo hicimos. Fuimos a pasear, a ver a amigos y familia… A lo largo del día nos iban enviando mensajes de Balearia. Sobre las 19:00 Jordi y yo conseguimos ponernos en contacto con un taxista. Quedamos en estar en contacto para cuando sepamos la salida del barco.

Sobre las 21:00 recibimos un mensaje… Balearia tiene prevista su salida para mañana a las 07:00h

El taxista impoluto. Reconozco que se portó genial con nosotros.

Al llegar a casa todo se me venía encima. Tenía miedo, pánico, no quería subirme a un coche. Tenía miedo de tener otro accidente.

Pero al llegar a casa algo seguía fallando… No estaba ese positivismo que había conseguido coger en Mallorca… No me sentía a gusto conmigo misma ni con mi casa.

Digamos que… Hasta que no me he empezado a sentir a gusto en mi casa, ha pasado un año y 4 meses. Ahora es cuando me empiezo a sentir a gusto en mi propia casa. Algunos días con miedo de salir a la calle, otros con miedo de quedarme encerrada aquí dentro.

Aún sigo con la terapia. Y por supuesto, a día de hoy medicada. Y no pasa nada por ello.

El día 10 de abril le quité el pecho a mi hija… Qué mal… Hartadas de llorar… angustia, desolación y todo, sin Aina siquiera echar una lágrima por ello… Aina tan feliz por dejar su teta… Y yo tan triste de ver que mi hija se hace mayor… Sin disfrutar de las risas y pensar que todo es para bien…

Hay días en los que quiero correr y escapar, otros en los que quiero quedarme .Hay días en los que me odio, días en los que me empiezo a querer un poco más.

Hay días en los que mi cobijo está en la comida, otros en los que tan solo necesito un abrazo de mi hija y mi marido.

Hay días en los que me he sentido muy mala madre…

Pero mala madre por qué? Por tener ansiedad?

No… No se es mala madre por tener ansiedad. Tampoco se es por tener que pedir ayuda… A veces nos pensamos que por ser madres tenemos que ser más fuertes. Y olvidamos que antes de ser madres, somos personas… y como todas las personas, reímos, lloramos, vivimos y sufrimos.

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